EL MÍTICO (Perú)
Desde 17,90 € IVA incluido
Un cóctel de variedades y un entorno único para un café con cuerpo e intensidad. El Mítico es el típico café que te deja el sabor en la boca … como las leyendas legendarias que perduran con el paso del tiempo. ¡No te desharás de él tan fácilmente!

¿Este café de especialidad de Perú es para ti?
Si eres de los que le gusta saborear ese «regustillo a café» este café peruano es el tuyo. Desde su primer sorbo notas el sabor dulce y afrutado de la cereza madura acompañados de un rico toque achocolatado.
Un café con cuerpo cremoso y de buena intensidad, que hacen honor a su nombre, dando lugar a algo casi mágico y fuera de lo común. Disfruta de un sabor duradero, similar a los relatos legendarios que pasan de generación en generación.
Un equilibrio perfecto entre dulzura y acidez y que además, es muy versátil para diversas preparaciones, ya sea desde un espresso intenso hasta un suave café filtrado.
Cada grano es seleccionado por su perfil distintivo y afrutado. Un reflejo de su legendaria calidad y el impacto transformador de esta taza.
Perfecto para métodos como la Chemex, superautomáticas o cafeteras italianas. Su intensidad y perfil de sabor lo hacen perfecto para aquellos que aprecian los matices de un café de alta calidad.


Nuestro café de especialidad de Perú en detalle…

Compromiso con la Comunidad y la Calidad
Detrás de este café no hay una gran empresa ni cultivos infinitos. Hay pequeños productores de la región de Cajamarca, en el norte de Perú, uno de los grandes rincones cafeteros del país. Familias que cultivan como se ha hecho siempre, con el saber que pasa de padres a hijos.
La diferencia es que esa tradición se ha dado la mano con técnicas más modernas y respetuosas con la tierra. Y eso se nota en la taza.
Cuidan el suelo como oro: barreras vivas, cultivo siguiendo las curvas del terreno para frenar la erosión y compostaje con los propios restos orgánicos. Dan sombra con árboles de verdad, no con mallas: laurel y cedro conviven con frutales (aguacate, naranjo, plátano) formando un pequeño bosque que regula la temperatura y hace madurar el grano más despacio, con más matices. Y todo ello sin llenar la planta de química, con control natural de plagas y podas sanitarias.
Al final se reduce a una idea sencilla: gente que mima cada paso, desde que se planta el cafeto hasta que el grano está listo. Porque un buen café no sale por casualidad.
¿Qué hace diferente a este café de Perú?
Empecemos por el sitio, que aquí lo explica casi todo. Cajamarca, en el norte del Perú, es de esas zonas que los cafeteros mencionan con respeto. Y no por casualidad: sus cafetales trepan por la montaña entre los 1.400 y los 2.000 metros, en un clima fresco de días soleados y noches frías que se toma su tiempo con cada grano.
Ahí está el primer truco. Cuando la temperatura baja de noche, la cereza madura despacio, sin prisa, y ese ritmo lento es justo lo que concentra los azúcares y le da al café esa complejidad que se nota luego en la taza.
A eso súmale unos suelos fértiles y una geografía que juega con microclimas por su cercanía a la costa, a la selva y a la mismísima línea del Ecuador. Vamos, un cóctel de condiciones difícil de igualar en la sierra peruana.
Además, tres variedades como Catimor, Marsellesa y Pache que juntas, y cultivadas en un entorno como este, dan un café con personalidad pero sin aristas. De los que gustan a casi todo el mundo.


















