Café blueberry latte: ¿Una receta con un expreso y arándanos?

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¿Arándanos en el café? La verdad es que suena a experimento de barista aburrido o a la enésima «genialidad» de TikTok para ganar likes.

Pero si alguna vez he mojado muffins de frutos rojos en mi latte y llenado la mesa de migas, ¿por qué no probar esta mezcla explosiva de frutos rojos y mi bebida favorita?

Olvídate de los batidos detox. Esto es café de verdad chocando con acidez frutal. Aunque suene raro en tun mente, te aseguro que al es adictivo.

Al lío: Cómo montarte el Blueberry Latte

Vamos a dejarnos de preámbulos. Si estás aquí es porque quieres probarlo, no porque quieras leer la historia de la agricultura del arándano.

Ingredientes Blueberry café

Lo que necesitas

  • Café: Un espresso doble con carácter. Si usas uno muy suave, la leche y la fruta se lo comerán vivo. Busca un tueste medio que aguante el tipo.
  • Leche: Aquí viene la polémica. La de vaca funciona, pero la bebida de avena también vale. Su dulzor natural encaja mejor con el ácido del arándano que la lactosa.
  • Nata líquida: Para la crema de la capa superior.
  • Azúcar: La necesitamos para hacer el sirope de arándanos.
  • Hielo: Aquí no hay mucho que decir… pues eso…hielo en cubitos.
  • El ingrediente secreto: Tu sirope casero de arándanos (tranquilo, en el siguiente punto te cuento cómo hacerlo en 5 minutos para que no compres el industrial).

Primer paso: La «no-receta» del sirope mágico

Lidia Zafra haciendo Sirope de arándanos

No necesitas ser pastelero. Solo necesitas un cazo pequeño.

  1. Echa una taza de arándanos (frescos o congelados, da igual), media taza de agua y media taza de azúcar.
  2. Ponlo a fuego medio. Cuando empiece a burbujear, baja el fuego y chafa los arándanos con una cuchara de madera como si no hubiera un mañana. Tienen que soltar todo el jugo.
  3. Déjalo reducir unos 10 minutos hasta que tenga textura de jarabe, no de mermelada.
  4. Crucial: Pásalo por un colador fino. Queremos el líquido morado vibrante, no las pieles.
Sirope de arándanos

Déjalo enfriar y listo. Tienes oro morado en la nevera para una semana.

Segundo paso: El «plot twist»: La crema de arándanos batida

No vamos a echar la leche tal cual y que se corte. Vamos a crear una nube morada y sedosa.

La fórmula: En un vaso aparte o una jarrita, mezcla:

  1. Un buen chorro de nata líquida (unos 60ml).
  2. Un toque de leche (20ml) para que no se convierta en mantequilla al batir.
  3. Una cucharada generosa de tu sirope de arándanos (que debe estar frío, ojo).
Lidia Zafra haciendo crema de arándanos

La técnica: Coge un espumador de mano (de esos de pilas que valen 3 euros) o una varilla pequeña y dale caña. No queremos montar la nata como para un pastel, buscamos una textura de crema densa, algo que fluya pero que caiga lento, como pintura espesa.

💡Dato curioso: El ácido del sirope ayudará a que la nata espese más rápido, así que no te pases batiendo o tendrás mantequilla morada.

El montaje (Arquitectura en vaso)

El orden de los factores sí altera el producto, sobre todo si quieres que quede bonito para la foto antes de removerlo.

  1. Pinta el lienzo: Coge un vaso alto y echa una buena cantidad de sirope en el fondo. Si te sientes artista, deja caer un poco por las paredes interiores del vaso.
  2. Hielo a tope: Llena el vaso de hielo hasta arriba. Sin miedo. Queremos frío, no sopa.
  3. La base blanca: Vierte la crema de arándanos sobre el hielo. Verás que empieza a mezclarse con el morado del fondo. Hipnótico.
  4. El golpe final: Vierte el espresso doble despacio sobre los hielos. Si lo haces con cuidado, tendrás tres capas de colores: morado, blanco y marrón.
Blueberry Coffee

Ahora sí: pajita, remueves todo con energía y a beber.

El secreto no está en la fruta, está en el sirope

Seguro que alguno ha pensado: «¿Y no puedo echar los arándanos frescos directamente al café y aplastarlos un poco?».

Poder, puedes. Pero te vas a arrepentir.

Si echas la fruta entera, te van a pasar dos cosas desagradables: primero, la textura será como beberte una ensalada con tropezones que se atascan en la pajita. Segundo, el arándano fresco no suelta su sabor tan rápido en frío; te sabrá a café con leche y, al final, te comerás una fruta ácida empapada en café.

Un desastre.

¿Y el sirope del súper? Ni se te ocurra. Esos brebajes azules suelen saber a medicina para la tos o a gominola industrial. Si queremos que esto sepa a café de especialidad y no a chuchería, hay que hacerlo casero.

«¡Socorro, se me ha cortado la leche!»

Vale, hablemos de química básica sin ponernos la bata blanca.

El arándano es ácido (cítrico). La leche tiene proteínas. Cuando los juntas, a veces la naturaleza sigue su curso y… ¡zas! Se te forma un requesón flotante nada apetecible.

¿Significa que el café está malo? No. ¿Da asco verlo? Un poco.

¿Cómo lo evitamos?

El truco es el choque térmico y el orden. Si echas el sirope caliente directamente en la leche fría, tienes papeletas para el desastre. Asegúrate de que el sirope esté frío o a temperatura ambiente. Y recuerda: la bebida de avena suele ser mucho más estable ante los ácidos que la leche de vaca. Si eres de los que sufre viendo grumos, pásate a la vegetal para esta receta.

Variantes para los inquietos

Si ya dominas el básico y te aburres rápido, prueba esto:

  • Versión Paciencia (Cold Brew): En lugar de espresso caliente, usa Cold Brew. La acidez es menor y el resultado es mucho más suave y refrescante. Eso sí, tienes que haberte acordado de prepararlo el día anterior.
  • El toque aromático: Cuando estés haciendo el sirope, tírale una ramita de romero o unas gotas de esencia de vainilla. El romero con el arándano suena raro, pero es una combinación ganadora que le da un toque «bosque» muy interesante.
  • ¿Caliente? Sí, se puede. Pero cuidado con la temperatura de la leche. Si la calientas demasiado (esa manía de quemar la leche) y le añades el ácido de la fruta, se cortará seguro. Tienes que ser sutil.

¿Te atreves o pasas?

Lidia Zafra probando Blueberry Coffee

Lo sé. Seguirás mirando con recelo esa mezcla morada hasta que la pruebes.

El café con arándanos no viene a sustituir a tu espresso sagrado de las 8 de la mañana. No es para despertarse, es para disfrutar. Es para esa tarde de calor en la que te apetece algo dulce pero te niegas a renunciar a la cafeína.

Así que deja los prejuicios en la puerta, compra una cajita de arándanos y haz la prueba. Lo peor que puede pasar es que vuelvas a tu café solo de siempre. Pero lo más probable es que acabes con los dedos manchados de morado y una nueva adicción.

¿Te animas a manchar la cocina?

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