EL INCÓGNITO
Desde 10,90 € IVA incluido
No lo busques en la web, ni en portada, ni en promociones. El Incógnito no se deja ver. Se deja encontrar. Aparece cuando le da la gana. Y si estás leyendo esto… ¡Enhorabuena, te ha elegido a ti!
Hay cafés que eliges… y luego está este, que te elige a ti. Es nuestra forma de darte las gracias por estar aquí, taza tras taza.


Un café reservado… para unos pocos.
No lo busques en la tienda.
No aparece en la home, ni en banners, ni en ningún escaparate virtual.
El Incógnito vive al margen.
Este café es parte de un pequeño lote que, sinceramente, reservamos para nosotros: el equipo de Cafés MyWay.
Porque sí, nos encanta. Nos vuelve locos. Y como no producimos mucho, pues nos lo quedamos para nosotros.
Pero de vez en cuando, cuando el lote lo permite y la ocasión lo merece, decidimos compartirlo. Solo con clientes que ya forman parte de esta familia cafetera.
Y si estás leyendo esto, es porque El Incógnito ha decidido salir de su escondite y dejarse descubrir. Contigo.

El Incógnito en detalle…
¿Qué lo hace tan especial?
Este café viene de muy lejos. Concretamente del valle del Waghi, en la provincia de Jiwaka, en el corazón de las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea. Una zona montañosa, de suelos volcánicos, donde el café crece a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar y se cultiva como se hacía hace décadas: a mano, con paciencia y sin atajos.
Detrás del lote hay un nombre propio: Kenneth Manzip. Él gestiona la Kenneth Plantation, una finca de 200 hectáreas en el distrito de Banz, y supervisa personalmente todo lo que pasa en ella, desde el cuidado de los cafetos hasta la última cereza recolectada.
Y aquí no entra cualquier grano. Sus trabajadores seleccionan a mano únicamente las cerezas que están en su punto de madurez, dejando atrás todo lo que no cumple. Trabajan con variedades arábicas tradicionales, las de toda la vida en la zona: Arusha, Blue Mountain y Bourbon. Nada de híbridos modernos.
El procesado se hace en el beneficio del propio Kenneth, por método lavado, y el secado se completa al sol sobre camas elevadas. Después, el pergamino viaja hasta el molino Nowek, en Goroka, donde se prepara para cruzar medio mundo y llegar hasta nuestro tostador en Sevilla.
¿El resultado? Una taza con 86 puntos SCA, una base achocolatada que no cansa, un cuerpo serio y una acidez bien medida (ni se pasa ni se queda corta). Es de esos cafés que entran fácil pero se quedan en la memoria.
Por eso lo guardamos. Y por eso, cuando lo compartimos, lo hacemos contigo.













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